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¿Camino a la salvación….o a la ESTAFA-ción?

 

 

 

El Martes 26 de Enero 2010, la cadena televisiva Univisión, hizo público un documental titulado: “Camino a la salvación”, presentado por Teresa Rodriguez y Maria Elena Salinas, en el cual son presentadas las imágenes y entrevistas de líderes carismáticos pentecostales las cuales muestran con lujo de detalles las técnicas de manipulación masiva usadas por esos personajes.

 

Ese programa ha sido uno de los mejores documentales producidos hasta la fecha por un medio noticioso en español. El documental muestra hasta qué punto han llegado los evangélicos para atraer la atención de la gente: el espectáculo y el entretenimiento con una fuerte dosis de sugestión manipulativa para poder sacarles el dinero. Esto no solo es triste y lamentable, sino que es detestable. Tal monstruosidad solo se podía ver en las sectas. Pero ahora eso está sucediendo dentro de las mismas iglesias que se llaman evangélicas y que dicen ser los descendientes de los Reformadores.

 

Causa indignación el solo observar como se usa la palabra de Dios para obtener ganancias económicas. Lo santo y lo sagrado es abordado de una forma totalmente irreverente por “comediantes cristianos” cuyo único objetivo es el entretener a su audiencia. Predicadores que tienen más similitud a los actores y comediantes de Hollywood que a los predicadores serios de la Biblia.

 

La mayoría de los entrevistados daban sus respuestas intentando justificar las técnicas usadas para atraer a las masas. Pude observar que todas sus respuestas giraban en torno a la filosofía pragmática que sí funciona. El pragmatismo no es malo en sí mismo, pero cuando se usa como una herramienta para que EL FIN JUSTIFIQUE LOS MEDIOS, entonces el pragmatismo no solo se vuelve antibiblico, sino que se vuelve también peligroso. James White nos da una breve definición de la filosofía pragmatista de la siguiente manera:

 

“Para su mega-iglesia, sí “funciona” si el resultado son suficientes respuestas, es decir, si suficientes personas pasan adelante durante la invitación y hacen “su decisión por Cristo”. Para otros, el éxito está determinado por mantener la paz, al no hacer enojar a ninguno de los miembros claves de la iglesia y así, poder mantener una entrada de dinero consistente a las arcas de la iglesia. Pero el estándar en cualquier caso, se relaciona principalmente con los resultados”. (James White, “Pulpit Crimes”, p. 2; SGCB).

 

Lo peor de todo esto, es que tales prácticas son justificadas en nombre de lo que ellos llaman “avivamiento”. Pero el verdadero avivamiento no necesita de promociones televisivas o de escenarios preparados calculadamente para enganchar al ingenuo visitante. Lamentablemente, el evangelio se encuentra siendo explotado por esta clase de “criminales  espirituales” que lucran con la fe de las personas. Judas escribió su breve epístola teniendo en mente a estos personajes:

 

¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré” (Judas 11) 

 

Para esta clase de predicadores modernos lo único que realmente importa es el dinero. Por eso desean mega-iglesias porque aman el dinero por sobre todas las cosas. Pero lo peor de todo, es que saben disfrazar muy bien sus intenciones con frases piadosas tales como: “Nuestra meta es llegar a las 5,000 personas para que Dios sea glorificado”. La realidad es que ellos son los que desean ser glorificados. Pero Dios que pesa y conoce los corazones no puede ser engañado.

 

Una vez más James White nos dice lo siguiente:

 

“Los falsos maestros pueden decir las cosas correctas y hasta admitir que existe un estándar por el cual seremos juzgados, pero rehúsan vivir a la luz de dicha confesión y en su lugar, pervierten y tuercen la verdad de Dios para ganancias personales. Satanás siempre va a profesar suficiente ortodoxia para ganar una audiencia. Muchos criminales del púlpito saben bien que se encuentran cometiendo un crimen cada vez que abren su boca, pero se mantienen esperando que el día del juicio esté demasiado lejos para que puedan  disfrutar de su temporada de pecado”. (op. cit. p. 6).

 

Uno de los entrevistados argumentó que si nosotros no competimos con el mundo para ganarle a nuestros jóvenes, entonces el mundo se los va a llevar. Este argumento parece ser muy convincente a primera vista, sin embargo, un análisis cuidadoso nos muestra que no es así. La salvación de una persona no descansa en lo que yo hago o dejo de hacer. Es decir, ninguna persona puede ser salva por el solo hecho de que nosotros les digamos las palabras correctas o porque tengamos la tecnología mas sofisticada para poder atraerlos y de alguna manera hacerlos que se queden en nuestra iglesia. La salvación de una persona es una obra soberana de Dios solamente . Es muy cierto que el hombre del siglo 21 busca ser entretenido por sobre todas las cosas, pero no podemos usar el entretenimiento como un medio de competencia para ver quien sale finalmente ganando: si nosotros o el mundo.

 

¿Qué tan pragmático fue Jesucristo?

 

Uno de mis ejemplos favoritos para demostrar que Cristo no usaba ninguna táctica manipuladora para ganar seguidores, la vemos claramente establecida en Juan 6:65-69

 

“Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

 

Esta conversación entre Cristo y sus discípulos se desarrolló teniendo como trasfondo la alimentación de las 5,000 personas de manera milagrosa. Una de las cosas que no podemos pasar por alto en los evangelios, es que Jesucristo atraía a grandes multitudes debido a las señales y milagros que realizaba. Y en esa ocasión él hizo uno de los milagros que más atrajo la atención de la gente: ¡comida gratis! Me imagino a los vecinos de la aldea hablando entre ellos: “Oye, José, ¿ya te enteraste de lo que sucedió ayer? Tuvimos comida gratis para toda la familia”. A lo que José le contesta: “Si, mi esposa me lo dijo, pero debido a mis compromisos no me fue posible asistir. ¿No sabes si hoy también van a dar comida?”  “No lo sé, pero lo más probable es que así sea, ya que a ese carpintero no le cuesta nada hacerla”.

 

La gente deseaba comida gratis y comenzaron a buscar a Jesús hasta encontrarlo:

 

“Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús. Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre". (Juan 6:24-27).

 

Cristo confrontó directamente a los que lo buscaban solo POR LA COMIDA. El se dio cuenta que la gente no estaba entendiendo el propósito de los milagros que hacía. Ellos pensaban que finalmente habían encontrado la asistencia social que necesitaban. Pero Cristo los reprendió duramente por enfocarse en lo temporal y pasajero e ignorar lo eterno y duradero. Aun los mismos discípulos veían el ministerio de Cristo el cual se encontraba en su auge, como una oportunidad de oro para la fama y el prestigio social. Pero lejos de aprovechar la ola de popularidad que se había creado, Jesucristo confrontó a esa gente y como resultado, la mayoría volvió atrás y ya no lo siguieron.

 

Al ver sus discípulos que muchos de los seguidores se estaban incomodando por las palabras de Cristo, dijeron:

 

“Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” (v.60).

 

Pero Cristo les contestó de una manera que ellos no lo esperaban:

 

“Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?” (v. 67)

 

La respuesta de Pedro es muy reveladora:

 

“Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (vs. 68,69).

 

La marca de un verdadero discípulo es que va a seguir a Cristo cueste lo que cueste, aún cuando el seguirlo le implique problemas y dificultades. La diferencia entre los discípulos comprometidos y la multitud se hizo evidentemente clara en este incidente. La multitud buscaba emociones o cosas secundarias que no tienen nada que ver con el perdón de nuestros pecados. Cosas tales como la paz mental, la salud emocional, etc. Pero el verdadero discípulo busca por sobre todas las cosas el ser fiel a su Señor no importa que tan difícil sea el camino por donde tenga que caminar. Me imagino que Jesús podría muy bien haber usado la filosofía pragmatista para retener a esas personas. Pero no lo hizo. Sin embargo, cientos o tal vez miles de predicadores modernos prometen prosperidad económica a sus seguidores con tal que se queden apelando descaradamente a la codicia de esas personas.

 

Por esa razón, la advertencia de Cristo respecto a los falsos profetas es tan importante hoy como lo fue en el primer siglo cuando fueron dichas estas palabras:

 

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.  Así que, por sus frutos los conoceréis.  No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.  Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. (Mateo 7:15-23).

 

 

Daviel D’Paz