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LA ESCLAVITUD DE LA VOLUNTAD

“Lutero Responde a Erasmo sobre su Diatriba del Libre albedrío”

 

Traducido del Inglés por: Daviel D’Paz

 

Una Introducción Histórica y Teológica

 

Por: J. I. Packer

 

 

I.   Erasmo hasta 1517

 

Desiderio Erasmo nació en Rótterdam entre los años 1466 y 1469. Desde 1474 hasta 1484 asistió a la famosa escuela en Deventer dirigida por los Hermanos de la Vida Común, una hermandad pacífica mística muy reconocida por su piedad simple y por sus altos estándares de educación que ofrecían sus escuelas. Al final de sus años escolares Erasmo se convirtió en monje, al parecer, aún en contra de su voluntad. Aunque la vida monástica ofrecía acceso a libros y tiempo para estudiarlos, en el monasterio Agustino en Steyn, Erasmo sintió profundamente la ausencia de compañía agradable, y la comida pobre junto a la rutina diaria fueron elementos dañinos para su delicada salud. Sin embargo, en 1493 después de siete años en Steyn, él obtuvo un permiso temporal para salir de esa comunidad religiosa, pues había quedado decepcionado en su esperanza de encontrar oportunidad para lograr los estudios en humanidades los cuales le habían atraído desde su temprana edad. En 1495 se mudó a Paris –la gran ciudad universitaria, con sus librerías, conferencias, hombres cultos y eternas discusiones. Su orden ya nunca fue capaz de recuperarlo.

 

Sin embargo, aún Paris fue decepcionante. El currículo oficial –si es que podemos usar tal terminó para la enseñanza de ese tiempo- era árida, académica y sospechosa de todos los nuevos acercamientos en materia de divinidad. Las únicas diferencias teológicas permitidas eran insignificantes e irreales. Las grandes épocas creativas del renacimiento de los siglos doce y trece respectivamente y las épocas de Alberto Magno y Aquino no eran mas que un eco distante. La tradición reinaba y Erasmo estaba ya cansado de la teología tradicional.

 

En 1499 hizo su primera visita a Inglaterra y conoció a los humanistas ingleses. En Oxford escuchó a Colet disertar sobre las epístolas de San Pablo, exponiéndolas directamente del texto griego en una manera directa y personal sin interpretaciones alegóricas. La influencia de hombres como Grocyn y Linacre y la amistad de Colet y Thomas More, le mostró a Erasmo que había otros humanistas quienes valoraban el griego tan profundamente como él mismo estaba llegando a hacerlo y esto lo hizo mucho más deseoso por aplicarse a sí mismo a la tarea de dominar el gran idioma clásico. Además, se dio cuenta que ellos también estaban listos para castigar en sermones sin misericordia y epigramas, la situación corrupta de la religión contemporánea, especialmente la holgazanería y el vicio escondidos en los monasterios y las vacías sutilezas de los teólogos escolásticos, tan lejos de la pura simplicidad la cual, para Erasmo, fue siempre la característica distintiva de la religión de Cristo. Ahora concebía el plan, sin duda bajo la influencia de Colet y More, de convertir el aprendizaje humanista al servicio de la religión por medio de purificar la teología y la piedad práctica de la falsa enseñanza, del oscurantismo y la superstición.

 

Esto era lo que esperaba hacer por medio del estudio científico de la sagrada literatura, e.d. los escritos de los primeros padres y de los mismos textos bíblicos. Fue aún más motivado por su descubrimiento de una obra olvidada sobre el texto de la Vulgata, las Annotationes de Lorenzo Valla (1405-1457), el erudito secretario del Papa Nicolás V. En ese libro, el humanista italiano había criticado numerosas traducciones del Nuevo Testamento de la Vulgata en base al original griego. Ante la instigación de Erasmo, el impresor Parisino Badius reimprimió la obra de Valla en 1505, y con ello, un paso importante había sido tomado hacia la obra más grande de Erasmo: la producción de un texto crítico del Nuevo Testamento Griego.

 

Después de su regreso a Francia en el año 1500, Erasmo continuó con su estudio del griego, anotando, traduciendo y preparándose a sí mismo para una obra  de gran escala sobre los textos griegos. A este periodo pertenece la primera edición de la Adagia, una colección de dichos en latín por autores clásicos con comentarios. Esa obra puso el fundamento de su reputación como erudito europeo. Erasmo era acosado por la pobreza y la enfermedad, y parece que se sostenía económicamente por medio de la enseñanza y las conferencias. Pero sus amigos en Inglaterra eran siempre una atracción, y en 1504 le escribió a Colet anunciándole que le gustaría regresar a Inglaterra, que ahora sabía griego y que había comenzado a trabajar en los escritos de Orígenes.

 

En su visita de 1505-1506, fue bienvenido en todos los círculos académicos como un talentoso humanista y llegó a conocer al príncipe Henry (posteriormente fue Henry VIII), William Warham, Arzobispo de canterbury y John Fisher arzobispo de Rochester. Visitó Cambridge y tal vez dio conferencias sobre el griego allá. En 1506 visitó Italia como un tipo de tutor-guardián de dos caballeros jóvenes italianos y recibió su doctorado en Turín. En Venecia conoció al más grande de todos los impresores renacentistas, Aldus Manutius y compiló la segunda edición aumentada de su Adagia, esta vez incluyó material en griego y en latín. También hizo algunos trabajos sobre las ediciones de Aldine Press de Plautus, Terence y las tragedias de Séneca, las cuales estaban aún en preparación.

 

Una visita a Roma trajo consigo la gran tentación de aceptar un puesto eclesiástico muy atractivo allá. Italia poseía manuscritos invaluables en abundancia, impresores iluminados, eruditos agradables, un clima delicioso y un estilo de vida que le caería muy bien a Erasmo. Pero él valoraba su libertad intelectual por encima de todas las cosas y el pontífice de ese tiempo le era especialmente repugnante.

 

Entonces en mayo de 1509, recibió noticias de la muerte de Henry VII, e Inglaterra se convirtió nuevamente en una tierra prometida. La invitación para regresar sugería que una verdadera recompensa acompañaría ahora las labores de erudición bajo el Príncipe, quien había crecido entre las estrellas más brillantes del humanismo inglés. Así que, Erasmo regresó a Inglaterra sin pensarlo dos veces y allá escribió su obra Encomium Moriae (La alabanza de la Locura), una obra original satírica y mordaz sobre la estupidez y auto contradicción de la naturaleza humana en cada era y en todo lugar. En las lecturas privadas la obra era bien recibida por Thomas More y sus amigos ingleses, quienes la alababan como una obra entretenida y brillante.  Ella contenía un criticismo serio y perjudicial sobre la iglesia. El escolasticismo, los obispos y los frailes mendicantes sufrían todos por igual bajo la pluma de Erasmo, y aún la curia misma era castigada. 

 

Aparte de la identificación del papado con el anticristo, mucha de la burla que Lutero arrojaría sobre los abusos reinantes, pueden ser encontrados en esa obra temprana de Erasmo. Por supuesto que Erasmo no era de ningún modo, el único humanista en atacar el orgullo, la codicia y la ignorancia en la iglesia. El asunto del erudito brillante Reuchlin es otro ejemplo; fue la cause célébre del mundo de la erudición hasta que la Reforma la opacó al abordar otro problema mucho mayor. Reuchlin, el más educado Hebraísta de su tiempo, vio su carrera arruinarse debido al sentimiento antisemita propagado por muchos de los que ocupaban puestos altos, la ignorancia celosa de monjes dominicos y el casi increíble prejuicio de teólogos escolásticos decadentes. Los humanistas estaban unidos lamentando los esfuerzos de un judío convertido llamado Pfefferkorn de que todos los escritos judíos, aparte del Antiguo Testamento, fueran confiscados y destruidos.

 

Cuando la pregunta fue examinada, solo Reuchlin de todas las demás autoridades consultadas, fue el único que abogó por preservar la mayoría si no es que todos los escritos hebreos. Como consecuencia, se convirtió en el blanco de constantes ataques, especialmente por parte de los dominicos sobre un periodo de varios años. Un grupo de humanistas, Ulrich von Hutten, Crotus Rubeanus y otros, vinieron en ayuda de Reuchlin con un injurioso best-seller, el libro anónimo titulado Epistolae Obscurorum Virorum (1515-1517). En estas cartas, los oscurantistas son atacados con todo el arsenal disponible en la artillería de los escritores satíricos. El tono áspero que desfigura la obra de los humanistas alemanes, se encuentra en marcado contraste a la delicada burla del ingenio de Erasmo.

 

El libro titulado “La Alabanza de la Locura” fue impreso primeramente en Paris en 1511 y casi inmediatamente se convirtió en la lectura favorita del día. Fue impreso en varias ediciones y Aldus produjo una en 1515 con ilustraciones del gran Holbein, las cuales debieron haber incrementado su circulación todavía más. Durante la última parte de la estancia que Erasmo tendría por última vez en Inglaterra (1509-1514), Erasmo dio una conferencia sobre el griego en Cambridge cerca de tres años, trabajando también en el colegio de Queens sobre las cartas de Jerome y su texto griego del Nuevo Testamento cuando tenía la oportunidad.

 

Pero Cambridge no estaba de acuerdo con él. El parecía tener poco interés en los otros maestros y eruditos de la ciudad o en su trabajo de conferencista, porque no estuvo suficiente tiempo como para recrear de manera radical el currículo. La comida, el vino y el clima le desagradaban y trajo renovados ataques de la piedra, a los cuales él había sido susceptible por algunos años anteriormente. Si no hubiera sido por la plaga de Londres y el estado con problemas políticos del Continente, hubiera partido mucho antes. Comenzó a anhelar por ir a Italia y finalmente abandonó Inglaterra en Julio 1514, a pesar de los esfuerzos de algunos altos comandos para que lo convencieran a que se quedara.

 

Un intento fue hecho por ese tiempo para reclamarlo para el monasterio en el cual había entrado en su juventud. Pero el guerrero Julio II había sido puesto otra vez como Papa por Leo X, un buen amigo de Erasmo. De él procuraba no solo la liberación oficial de los votos que había hecho cuando se unió por primera vez a la orden Agustina, sino también buscaba la bendición oficial en su gran proyecto que ahora traía entre manos –la producción de una nueva traducción en Latín del Nuevo Testamento, basado en un estudio crítico de todos los textos griegos disponibles.

 

Después de abandonar Inglaterra, Erasmo se dio cuenta que su viaje por Europa fue algo así como un progreso triunfante. Los eruditos y dignatarios lo recibían mientras iba de Hammes (cerca de Calais) a través de Ghent, Antwerp, Louvain, Liege, Mainz y Estrasburgo a Basilea. Estos lugares serían las bases para todas sus futuras actividades. Ahí había un clima agradable, una universidad con tendencias liberales y un gran impresor –Johann Froben, con cuyo nombre siempre sería asociado el gran humanista alemán.

 

Erasmo era ahora un hombre de conocimiento casi insuperable. Ningún hombre en Europa podía competir con él en la lectura y la escritura de las lenguas clásicas. Ninguna persona poseía tal dominio de los tesoros de la literatura antigua, tanto secular como de la patrística. Ningún hombre controlaba tanto el oído del Papa, cardenal y rey como lo hacía Erasmo. Para el cristiano reflexivo, angustiado por la situación del clima religioso imperante, ninguno parecía más adecuado que Erasmo para guiar la tarea de reformar el espíritu corrupto y mundano de la iglesia Romana y purificar sus degradadas prácticas religiosas.  Y cuando el libro titulado Novum Instrumentum comenzó a salir de la imprenta de Froben en 1516, a muchos les pudo haber parecido como si la obra de la Reforma ya hubiera comenzado.

 

El Nuevo Testamento de Erasmo fue el primero y quizás el más grande paso en la historia del criticismo del texto bíblico. Pero además del texto griego y latín, había también anotaciones directas y paráfrasis, las cuales no fallaban en enfatizar la relevancia contemporánea de la Palabra sagrada. Entre tanto que una edición seguía a otra edición, esas notas eran más completas y mucho más explícitas. Los resultados no podían ser menos que profundos y de largo alcance. Tal como Froude lo dijo de manera enfática: “los hechos vivientes del cristianismo, la persona de Cristo y de los apóstoles, su historia, sus vidas, sus enseñanzas fueron reveladas a un mundo sorprendido. Por primera vez los laicos fueron capaces de ver, lado a lado, el cristianismo que convirtió al mundo, y el cristianismo de una iglesia con un Papa Borgia, príncipes cardenales, cortes eclesiásticas y una mitología de mentiras. El efecto iba a ser un terremoto espiritual” (J. A. Froude, Life and Letters of Erasmus, p.127).

 

Era de esperarse que el libro “La Alabanza de la Locura” y el Novum Testamentum le crearan enemigos a Erasmo. La sabiduría mundana de la Locura, con el delicado estoque de su ingenio, apuntaban precisamente a la misma dirección que lo hacían las notas serias y eruditas del Nuevo Testamento. Los clérigos estaban más o menos antagónicos en conjunto. Monjes y frailes protestaban desde todas partes y comenzaron a planear la caída de Erasmo. Las universidades incluyendo Oxford y Cambridge, proscribieron todos sus escritos. Muchos le atribuían todo el problema a la erudición humanista en sí, y fueron confirmados en los puntos de vista oscurantistas, los cuales habían sido lamentablemente mostrados en el caso Reuchlin.

 

Sir Thomas More defendía a Erasmo y no estaba solo. Pero en ese tiempo Erasmo no necesitaba protección. Su reputación estaba muy elevada entre los círculos intelectuales, el Papa (a quien fue dedicado el libro Novum Instrumentum) estaba de su lado y los poderes políticos del imperio, Francia e Inglaterra eran favorables para con él. Erasmo no se movió y continuó llamando hacia una reforma. El Papa, pensaba Erasmo, debería guiar a los obispos en una nueva cruzada pacífica para corregir los abusos, promover la predicación, la lectura de las Escrituras y una vida santa de acuerdo con las sencillas enseñanzas de Cristo y hacer a un lado las supersticiones y la corrupción al desterrar la ignorancia.

 

Pero ese no sería el caso. Intereses conferidos –o diciéndolo de otra manera, tal como lo dijo Lutero, la codicia por el dinero, el placer y el poder- tenían un control muy grande en el sistema como para que una reforma erasmiana siquiera pudiera ser intentada. Tampoco pudo ver Erasmo que los abusos en la iglesia eran apoyados y reforzados por toda una teología, y que a menos que hubiera un regreso a las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre la gracia, la fe y la salvación, ninguna clase de reforma efectiva podría ser lograda en la vida corrupta de la cristiandad. Las indulgencias se irían solamente cuando el poder de las llaves en Roma se fuera y el poder de Roma se iría solo cuando las doctrinas Neo-testamentarias de la gracia fueran reestablecidas.

 

Erasmo no era teólogo. La teología no le interesaba –él había estado ya hastiado de Aquino y Scotus, pues había visto el árido intelectualismo y la pobreza espiritual a los que conducía el escolasticismo y no conocía otra alternativa. Además, él era un hombre de paz, un erudito por sobre todo –y la erudición solo puede ser provechosamente buscada si la paz y el orden son preservados. El examinaba la naturaleza humana y los temas prácticos con penetrante perspicacia- desde su propio escritorio. El poseía un concepto conservador para todos sus puntos de vista, y para él, el revolucionario era alguien que debía ser temido más que el ignorante devoto de un viejo pero corrupto sistema. Sus ideales de reforma se encontraban fundados en un cristianismo no dogmático, un cristianismo destripado precisamente porque era un cristianismo sin Cristo en su más profundo nivel.  El epigrama era irresistible –Erasmo era astuto pero superficial, un hombre de frío cálculo pero no de convicciones encendidas.

 

La primera edición del Nuevo Testamento griego apareció en 1516. El próximo año, un monje Agustino clavó las noventa y cinco proposiciones para discusión en la puerta de la iglesia de Wittenberg en Sajonia. Y los clavos en la puerta de esa catedral, fueron como los clavos en el ataúd de la reforma Erasmiana.

 

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