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La Crisis en la que se encuentra la iglesia Evangélica actual (1ª Parte)

 

Por: Daviel D’Paz

 

La iglesia evangélica se encuentra pasando por una profunda crisis, tal vez la mayor en sus 500 años de historia. Esa crisis es tan grande que amenaza con destruir los mismos fundamentos de nuestra propia identidad como cristianos evangélicos. En la segunda parte estaremos examinando el problema de raíz o lo que ha originado esta crisis. En esta primera parte, voy a enfocarme en las cosas que se ven, es decir, los frutos que son observables ante todo aquel que se detiene a examinarlos. Algo que no se puede negar y que ha contribuido a fomentar esta crisis, es que la mayoría de iglesias evangélicas contemporáneas han hecho a un lado la enseñanza concienzuda de la Palabra de Dios y en su lugar, apelan casi exclusivamente al entretenimiento para poder atraer a las multitudes. Para lograrlo, se han visto en la necesidad de modificar el mensaje del evangelio para hacerlo atractivo a aquellos que, de otro modo, no asistirían a sus iglesias.

 

Pero al modificar el mensaje, lamentablemente le han arrancado el mismo corazón al evangelio y se han quedado únicamente con un mensaje rebajado y diluido que no tiene el poder para transformar vidas. Se han quedado con un evangelio puramente antropocéntrico (centrado en el hombre), en vez de ser Teocéntrico (centrado en Dios) tal como los Reformadores lo enfatizaron. Este nuevo mensaje antropocéntrico ofrece a las personas todo lo que ellas desean escuchar: desde una vida libre de estrés, hasta la prosperidad económica. Como resultado, este mensaje atrae a las multitudes pues apela a la codicia natural del hombre caído y a todo lo que una persona no regenerada ama y desea.                  

La preocupación de líderes como David Wilkerson (Pentecostal) y Michael Horton (Reformado)

                                                        

Existen varias voces contemporáneas en las distintas tradiciones evangélicas, que han denunciado vigorosamente ese mensaje, también conocido como el evangelio del ACOMODAMIENTO. Tal es el caso de David Wilkerson cuyas advertencias y exhortaciones han caído simplemente en oídos sordos por los líderes de su propia denominación. En un mensaje ante los líderes de las Asambleas de Dios en Springfield Missouri (una denominación Pentecostal), Wilkerson dijo lo siguiente:

 

“Acomodar significa adaptar, ajustarse, hacer algo aceptable y conveniente. Ese evangelio del acomodamiento se encuentra introduciéndose en los Estados Unidos. Es una invención cultural de los Estados Unidos para calmar al estilo de vida lujoso y placentero. Principalmente es un evangelio caucásico y suburbano que se encuentra en las grandes ciudades y que se encuentra barriendo a la nación, influenciando a ministros de todas las denominaciones y dando a luz a las mega-iglesias con miles de personas que llegan a escuchar un mensaje no confrontador. Es un mensaje adaptable que es servido a cucharadas por medio de sátiras humorísticas, drama y breves sermoncillos sobre como hacerle frente a ciertos problemas –conocido también como “el evangelio del buscador amigable” o mejor dicho “el evangelio del pecador amigable”.

 

No solo David Wilkerson se ha dio cuenta de esta sutil amenaza 13 años atrás, cuando predicó este mensaje en el año de 1996. Michael Horton también ha escrito recientemente sobre este fenómeno en las iglesias evangélicas:

 

“Creo que la iglesia de hoy en Norteamérica se encuentra tan obsesionada en ser práctica, relevante, exitosa y bien aceptada, que casi refleja al mundo mismo....Dios es usado como un recurso personal en lugar de alguien que puede ser conocido y adorado. Jesucristo se ha convertido en un “manager” con un buen plan para nuestra victoria, en vez de ser el Salvador que ya ha logrado esa victoria por nosotros. La salvación es una cuestión de disfrutar de nuestra mejor vida ahora, que de ser rescatados del juicio de Dios por Dios mismo. Y el Espíritu Santo se ha convertido en un enchufe al que podemos conectarnos para obtener el poder que necesitamos para ser todo lo que queremos ser” (Michael Horton, “Christless Christianity”, p. 16,19,  Baker Books, 2008).

 

Este es el mensaje que prevalece en la mayoría de las iglesias evangélicas de la actualidad. Han convertido al Soberano Señor y Creador del Universo en un “dios utilitario que se encuentra al servicio de la criatura”, tal como A. W. Tozer lo afirmaba. Pero ese ‘dios’ no es el Dios de la Biblia. Ese dios, es un dios inventado por la imaginación del hombre en el siglo XXI.

 

Y Wilkerson continúa diciendo:

 

“Este nuevo evangelio está siendo propagado por ministros jóvenes brillantes y talentosos. Ellos han encontrado una fórmula que afirma que tú puedes ir a cualquier ciudad y si tienes la formula correcta, dentro de poco tiempo puedes levantar una mega-iglesia. Si eres joven y cuentas con algunas habilidades, debes reconocer esas habilidades y la ciudad que mejor se ajuste a esas habilidades. Te vas a vivir a ese lugar, realizas una encuesta para poder conocer lo que desea todo aquel que no asiste a ninguna iglesia:

 

“ ¿No te gustan los coros? Bueno, ¿Asistirías a una iglesia que no tenga coro?”

–Si.

“¿No te gusta vestir trajes? ¿Asistirías a una iglesia donde el vestuario es informal?   –Si.


Entonces te vas a tu computadora y diseñas un evangelio que no va a confrontar, sino que va a satisfacer los deseos y las necesidades de la gente. Después que has reunido a un puñado de gente, te mantienes entrevistándolos para saber qué es lo que ellos desean. Entonces comienzas a diseñar tu mensaje para ayudar a las personas a enfrentar sus necesidades. El programa que diseñas es con el propósito de hacer de la iglesia un lugar agradable y amigable para todos los pecadores que deseen asistir.


Este evangelio se está convirtiendo en el más prospero y floreciente de todos los movimientos religiosos. Miles asisten a estas iglesias. El pastor es un CEO, y eso se convierte en un negocio. Ellos no se andan con rodeos: se encuentran siguiendo el ejemplo de las tácticas usadas por la Avenida Madison y están teniendo éxito. Su fórmula para el crecimiento rápido es inteligentemente empaquetada y está siendo vendida especialmente a los ministros jóvenes –aquellos que quieren ser parte de los grandes personajes y de lo que está sucediendo en una carrera rápida. Ellos desean que suceda rápido”.

 

Para esos líderes que promueven el crecimiento rápido, uno de los obstáculos más grandes en su camino, es el predicar la cruz de Cristo. Por eso, ellos han diseñado un estilo de predicación que no es confrontativa, que no habla sobre el pecado ni sobre el juicio venidero, mucho menos sobre el alto costo de seguir a Cristo. Para ellos, esta clase de mensajes asusta a las personas y lejos de atraerlas las aleja de la iglesia. Por eso, diseñan sus mensajes con la intención de no “ofender” a nadie. Es decir, no desean hablar de la ira de un Dios Santo en contra del pecado, sino mas bien, de mensajes motivacionales que les diga cuán buenos son y cuán contento debe estar Dios con ellos.  Y debido a que no predican “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27), la mayoría de los asistentes son personas que no han sido regeneradas por el Espíritu Santo y sus vidas no reflejan cual ningún cambio.

 

Michael Horton sigue diciendo:

 

“No cuestiono la sinceridad de aquellos que dicen que tenemos la doctrina correcta, pero que no la estamos viviendo. Mas bien, no concuerdo con sus evaluaciones. Creo que nuestra doctrina ha sido olvidada, asumida, ignorada y aún desfigurada por los hábitos y rituales de una cultura narcisista. Nos encontramos asimilando las desorientadoras y perturbadoras buenas nuevas del Cielo en la trivialidad de nuestras necesidades inmediatas, las cuales interpretan a Dios como un comprador personal para los accesorios de nuestra vida: felicidad como entretenimiento, salvación como un sentido de bienestar terapéutico y la misión como un éxito pragmatista, medido únicamente en términos de números” (Horton, op. cit. p. 21).

 

Esta es la triste realidad en la que nos encontramos viviendo. El evangelio ha sido adaptado a las tendencias culturales y al espíritu de la época, y para colmo de males, se excusa esta acción con la frase: “debemos predicar un evangelio contextualizado”. Lo irónico de todo esto, es que hemos criticado a la ICR por haber mezclado en el pasado al cristianismo con las prácticas y creencias de los países conquistados, dando como resultado algo que no puede ser llamado propiamente un “evangelio bíblico”. Pero los evangélicos de la actualidad se encuentran haciendo exactamente lo mismo con diferentes sub-culturas: desde los músicos Rockeros hasta los raegeetoneros.

 

Wilkerson continúa:

 

“Jesús advirtió: “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestido de oveja, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15). El contexto de esa advertencia fue: “Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (v.14).  Su advertencia fue para estar alertas de los lobos que dirían que la puerta en realidad no es tan estrecha después de todo –ellos vienen y se hacen pasar como ovejas sumisas. Jesús puso su dedo sobre la llaga: la ambición –lobos ambiciosos y salvajes. En el griego significa “hambrientos por el reconocimiento y rápida gratificación, crecimiento rápido”.


Jesucristo no dejó ninguna duda respecto a su significado. Por ejemplo, él se estaba refiriendo con esas palabras a un pastor quien ha trabajado por años y no ha visto la clase de crecimiento que quisiera ver. Pero un joven con un evangelio de acomodamiento llega a la ciudad y dentro de muy poco tiempo tiene una mega-iglesia. Las personas se aglomeran allí porque hay entretenimiento, porque se predica un evangelio de diversión. Yo he estado en algunos de esos lugares. Es el evangelio de un entretenimiento que no tiene cual ninguna convicción de pecado. Existe muy poco en ese evangelio que hable a los pecadores sobre el arrepentimiento, el quebrantamiento y la crucifixión. Un cristo es predicado, el nombre de Jesús es mencionado, pero Pablo dice que ese es otro evangelio y otro Jesús. Pablo advirtió que si tú te encuentras atrapado en esa trampa, si deseas ese anzuelo de entretenimiento, ese anzuelo de crecimiento rápido, este es el anzuelo: el enemigo va a poner en tu camino una enseñanza. Tengo dos hijos que son predicadores. Uno de ellos me confesó: -“Papá, yo estuve a punto de ser devorado por esa enseñanza, porque oraba y ayunaba y no veía el crecimiento que yo deseaba ver, pero veía a los demás crecer. Ese anzuelo estaba allí y casi lo mordía”.

 

No existen palabras para describir la intensa frustración de algunos pastores jóvenes que inician en el ministerio con toda la intención del mundo de ser fieles al Señor en la predicación de Su Palabra para poder ver almas transformadas. Pero después de unos años se dan cuenta que su iglesia no ha crecido numéricamente como ellos quisieran, a pesar de que han trabajado arduamente para poder cumplir con sus deberes y responsabilidades. Muchos de ellos terminan lamentablemente, abandonando el ministerio. Otros, ceden ante la presión de obtener miembros para su iglesia a como dé lugar y usando cualquier método que tengan que usar para poder lograrlo. Pero tal presión viene como resultado de no comprender lo que es el crecimiento, tal como la Biblia lo enseña.

 

Michael Horton afirma también:

 

“Mi preocupación no es que Dios sea tratado tan a la ligera en la cultura norteamericana, sino que Él no es tomado seriamente en nuestra fe y práctica....Por lo tanto, lo que nos está matando lentamente no es la herejía, sino las tonterías. Dios no es negado, pero es trivializado –usado para nuestros propios programas en lugar de ser recibido, adorado y disfrutado...Cristo ha sido vestido con los uniformes de un ejecutivo CEO, de manager, de guerrero cultural, de revolucionario político, de filósofo, de copiloto, de compañero de sufrimiento, de ejemplo moral y de un socio que nos va a ayudar a lograr nuestros propios sueños. Pero en todas estas cosas, ¿estamos reduciendo al Protagonista principal en el drama de redención a un mero accesorio para nuestro propio drama?” (Horton, op.cit. 24,25).

 

Michael Horton pone el dedo en la herida al mencionar cómo los evangélicos nos encontramos usando a Cristo y a su evangelio para nuestros propios fines e intereses personales. David Wilkerson está de acuerdo al advertirnos lo siguiente:

 

“Eso es algo que este movimiento y cualquier otro movimiento van a tener que tratar: Es posible, debido a una ambición profana el ser transformado de un hombre de Dios quien ha estado buscando a Dios y buscando una palabra del Cielo, a una ambición profana y una herramienta de Satanás. Que cada pastor escuche esta advertencia: En el momento que comiences a considerar la “competencia”, semillas de acomodamiento comenzarán a plantarse en tu corazón. De repente, Satanás pondrá en tu camino a un lobo vestido con piel de oveja –alguien que intentará seducirte hacia una ambición impía para que puedas obtener un crecimiento de la iglesia a cualquier precio. Sin embargo, la verdad es que eso puede costarte tu alma”.

 

Inmunizados contra el evangelio

 

Una de las verdades más perturbadoras que observamos a diario, es la cantidad de personas que “abandonan la fe” después de algún tiempo de estar en la iglesia. Muchas de esas personas argumentan que el evangelio “simplemente no funciona” pues no recibieron lo que se les prometió. El resultado es una desilusión que los hace alejarse (en muchos casos) para siempre de la iglesia evangélica. ¿Cuál es la razón del porqué sucede esto?

 

Personalmente creo que una de las principales razones para tales deserciones, es que muy probablemente ellos se acercaron a la iglesia por motivos equivocados. Cuando las iglesias les prometen prosperidad económica y una vida de éxito y libre de problemas si ellos vienen a Cristo, cuando en realidad va a suceder todo lo contrario, entonces las personas comienzan a creer que fueron engañadas. El resultado es que la mayoría de ellos terminan abandonando una fe que nunca tuvieron.

 

Ray Comfort se ha referido a estas personas como personas que han sido “vacunadas contra el evangelio”. En su interesante libro “Lo que el diablo no quiere que sepas”, Comfort nos habla de esto:

 

“Oigamos ahora lo que dice el evangelio contemporáneo: “Vístase del Señor Jesucristo; él le dará amor, gozo, paz y satisfacción”. En otras palabras, él mejorará su vuelo. A manera de experimento, el pecador se viste del Salvador para ver si estas cosas son ciertas. ¿Qué obtiene el pecador? Tentación, tribulación y persecución. Se le prometió paz, gozo y satisfacción, pero solo ha obtenido pruebas y humillación. Su amargura va dirigida contra los que le dieron el mensaje de las “buenas noticias”. Su última condición es peor que la primera. ¡Es otro descarriado amargado que ha sido vacunado contra el evangelio!” (Ray Comfort, “Lo que el diablo no quiere que sepas”, p. 11, Editorial Vida, 1991).

 

La mayoría de los casos de deserciones tiene lugar debido a que ellos no comprendieron realmente el mensaje del evangelio, porque nunca se les explicó lo que es el verdadero evangelio. 

 

Ray Comfort nos explica:

 

“Una vez que los pecadores piensan que ya han probado el evangelio, no quieren oírlo más. ¿Por qué razón hay pecadores cerrados y alejados del evangelio? Porque nosotros ya no predicamos el pleno mensaje del evangelio. Hemos omitido la clave del arrepentimiento genuino: la Ley de Dios...El predicador Carlos Spurgeon escribió las siguientes palabras:

 

‘Si usted menosprecia la Ley, reduce la luz por medio de la cual, el hombre percibe su culpa. Esa es una pérdida muy seria para el pecador en vez de ser una ganancia, porque disminuye la posibilidad de convicción y conversión...yo diría que usted despoja al evangelio de su arma más poderosa cuando pone a un lado la Ley. De esa manera, suprime al tutor que debería conducir a los hombres a Cristo...ellos nunca aceptarán la gracia mientras no tiemblen ante la Ley santa y justa. Por tanto, la Ley tiene un propósito sumamente necesario y bendito y no debe quitarse de su lugar” (op. cit. p. 11).

 

Pero esta clase de mensajes ya no tienen lugar en los púlpitos de la mayoría de las iglesias, mucho menos en los púlpitos de las mega-iglesias. La razón para suprimir esta clase de mensajes es porque no atrae a las multitudes. Y debido a que no atrae a las multitudes, entonces se ven en la necesidad de diseñar un mensaje no confrontador el cual se enfoca en las necesidades inmediatas de las personas y dejan a un lado la verdadera necesidad espiritual del individuo.

 

Ray Comfort también concuerda con esto:

 

“Por el hecho de que la Ley rara vez se menciona en la evangelización del tiempo moderno, muchos pastores se sienten frustrados y tratan de lograr convertidos por medio de un evangelio centrado en el hombre. Por el hecho de que no ven que haya personas que abracen las buenas noticias, se vuelven a los métodos inventados por el hombre. En vez de compeler a los peces a entrar en la red mediante el uso de la Ley, tratan de atraerlos presentándoles los beneficios de la salvación....Algunos cristianos preguntan inocentemente: ‘Si el evangelio centrado en el hombre logra salvar a algunas personas, ¿Por qué no predicarlo?’ Podemos predicar el evangelio centrado en el hombre y obtener ciertos resultados. Aún podemos llenar los auditorios de nuestras iglesias, pero el hecho de agregar un alma a una congregación no significa necesariamente que esa alma haya sido agregada a la Iglesia. El hecho de que una persona haga una manifestación pública de aceptar a Cristo, no significa necesariamente que le pertenece a Cristo” (op. cit. p. 16).

 

Esta es una verdad Escritural que ha sido ignorada también por la mayoría de las mega-iglesias: la distinción que existe entre la iglesia local y la iglesia universal compuesta por todos aquellos que han sido comprados y lavados en la sangre del Cordero. No todo es números. Una iglesia local puede tener una gran multitud de asistentes todos los domingos, pero tan solo unos pocos puede realmente pertenecerle a Cristo. Pero en la filosofía pragmatista sobre el igle-crecimiento, esta verdad no tiene cabida.

 

Ray Comfort lo ilustra de la siguiente manera:

 

“Una vez asistí a un servicio donde se presentó un desafío a aceptar a Cristo, pero no se mencionó la Ley. Un joven se puso de pie y rápidamente pasó hacia el altar. Subió a la plataforma, dio la vuelta y sonrió a la congregación. Lo miré, pero no le vi señal externa de quebrantamiento, culpa o contrición. El no estaba huyendo hacia Cristo en busca de misericordia. Poco después volvió atrás. A diferencia de ese joven, algunos no vuelven atrás hacia el mundo. En cambio, la congregación se convierte en algo que no diferencia en nada a un club social. Estos nuevos convertidos se ganan muchos nuevos amigos, se presentan actividades regulares en la iglesia sin costo alguno. Desgraciadamente, esos convertidos no se preocupan por los perdidos ni tienen hambre real de la Palabra de Dios, ni de Dios, ni de fruto duradero. El evangelio centrado en el hombre puede servir para llenar los edificios donde se reúne la congregación, sin que haya ninguna clase de conversión” (op.cit. p. 17).

 

Nosotros mismos hemos causado la crisis en la que nos encontramos. Hemos pensado equivocadamente que podemos “ayudar” a Dios para que El salve a las almas. Pero la verdad es que Dios no necesita de Uzas que detengan el Arca. La salvación de un alma es un milagro que solo Dios puede hacer por medio de la predicación fiel de Su Palabra. Pablo dijo que a Dios le ha placido salvar a las personas por medio de “la locura de la predicación”  (1 Cor. 1:21). Pero cuando adaptamos y editamos el mensaje de la Palabra para que sea atractivo y fácilmente aceptado por los inconversos, nosotros mismo destruimos ese mensaje, pues lo despojamos de todo su poder transformador. La realidad es que con el paso de los años, perderemos tanto lo uno como lo otro: el verdadero evangelio y las personas que supuestamente se han convertido por medio de ese evangelio que les hemos presentado.

 

Ray Comfort también nos dice algo al respecto:

 

“El reblandecimiento del evangelio es la desgracia de la evangelización moderna. La masa de personas que vuelve atrás después de convertirse con esta clase de evangelización, deja a multitudes en la clasificación de “tibios” y predispone mal a aquellas personas a las cuales no se les ha enseñado las verdades del compromiso real con Cristo. ¿Cómo podemos cambiar este curso y restaurar la credibilidad a nuestros porcentajes de conversión? ¡Dejemos de suavizar el evangelio y digámosles a los pecadores la verdad sin ambigüedades ni rodeos” (op. cit. p. 18).

 

Conclusión:

 

Esta solución que nos ofrece Ray Comfort a la crisis en la que nos encontramos, puede ser muy dolorosa debido a que muchas mega-iglesias verán inmediatamente una considerable reducción de personas que asistan a sus servicios. Y muchas iglesias simplemente no están dispuestas a pagar el precio. Pero tarde o temprano, esas mismas iglesias se darán cuenta que tendrán que seguir modificando, recortando y adaptando su mensaje de manera indefinida, si es que desean seguir conservando a esas personas. Y si lo hacen, lo van a hacer teniendo que pagar un precio demasiado alto, porque finalmente les va a costar su alma.

 

Daviel D'Paz

Enero, 2010