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Tema: “La fe que es más preciosa que el oro”

(1 Pedro 1:6,7)

 

 

Introducción: En el mensaje anterior a prendimos acerca de la naturaleza de la verdadera fe. La verdadera fe le cree a Dios. Vimos que Abraham y Job le creyeron a Dios y por lo tanto, poseían este tipo de fe. Para creerle a Dios no se necesita una gran fe pues Jesucristo dijo que si tuviésemos fe tan solo como un grano de mostaza, podríamos obtener lo imposible.

 

La vida cristiana es una vida de fe de principio a fin. Nuestra fe será probada a lo largo de nuestra jornada en el camino del Señor. Y de eso trata precisamente este mensaje. La fe que es más preciosa que el oro es la fe que es probada con fuego.

 

I.- La vida cristiana es una vida de fe en todo momento.

 

a)     Comenzamos a vivir la vida cristiana por fe (Efesios 2:8).

 

b)     Terminaremos nuestra vida manteniendo la fe (2 Timoteo 4:7).

 

c)      Mientras nos encontremos en este mundo viviremos nuestra vida a través de la fe (Romanos 1:17)

 

d)     Vivimos en la fe de Jesucristo debido a que nos encontramos crucificados juntamente con él (Gálatas 2:20).

 

e)      la verdadera fe es indestructible. El verdadero creyente puede pasar por las pruebas y aflicciones severas más, pero en lugar de destruir su fe, ellas se convierten en alimento que nutren su fe (Job 13:15).

 

f)       Lo genuino de nuestra fe puede ser probada solo a través de las pruebas. Una fe que no cuesta nada, no puede valer nada. La fe que rehúsa  pagar el precio de confiar solo en el Señor no puede ser una fe verdadera.

 

II.- La fe del verdadero cristiano se prueba con fuego

 

a)     El apóstol Pedro ilustra esta gran verdad al hablarnos del proceso en el refinamiento del oro.

 

b)     Se dice que el orfebre del Oriente Medio mantenía el precioso metal en el fuego hasta que podía ver su imagen reflejada en él.

 

c)      Nuestras experiencias en la actualidad con las pruebas y el sufrimiento nos están preparando para las glorias del mañana (Rom.8:17,18).

 

d)     Así como el orfebre prueba el oro para ver si es verdadero, así las pruebas de la vida prueban nuestra fe para revelar su verdadera naturaleza.

 

III.- Las pruebas dejan al descubierto la verdadera naturaleza de la fe

 

a)     Las pruebas refinan y purifican la fe del cristiano.

 

b)     Las pruebas demuestran la realidad de nuestra fe.

 

c)      La fe genuina es más preciosa y de más valor que el oro refinado y aunque dura mucho tiempo, eventualmente perece (1Pe. 1:18).

 

d)     El oro será sin ningún valor en el mercado de la eternidad, pero la verdadera fe “logra” una herencia que nunca perece.

 

IV.- La verdadera fe siempre será probada

 

a)     El proceso de refinamiento deja al descubierto la pureza del metal y determina su verdadero contenido y valor después que todas las impurezas se han derretido (Num. 31:22,23; Prov. 17:3).

 

b)     De la misma manera, Dios prueba la fe del creyente para dejar al descubierto su verdadera naturaleza (Job 23:10). Job pasó a través de muchas pruebas dolorosas y todas ellas con la aprobación de Dios y Job comprendió muy bien el propósito de las pruebas.

 

c)      Dios prueba nuestra fe no porque necesite descubrir quien es verdadero creyente y quien no lo es, sino para que los verdaderos creyentes obtengan confianza en su fe probada.

 

d)     Así como el fuego separa a la escoria inservible del oro, Dios también usa las pruebas y el sufrimiento para separar a la verdadera fe de la mera profesión superficial.

 

e)      Los apóstoles fueron un claro ejemplo de cómo a través de las pruebas ellos salieron victoriosos en su fe probada (Hechos 5:40,41; 4:13-21).

 

V.- La recompensa de la verdadera fe que ha sido probada

 

a)     Las pruebas queman cualquier impureza en la fe del creyente, así como el fuego refina y purifica el oro (Is. 48:10).

 

b)     Lo que queda en el creyente después que las pruebas han concluido, es una fe genuina y purificada la cual, es semejante al oro puro que sale de la refinería.

 

c)      Aunque el oro por muchos siglos ha sido tenido por todos como un símbolo de lo más precioso y valioso de todas las posesiones materiales, la fe genuina es mucho más preciosa que el oro (v.7).

 

d)     La fe genuina es más valiosa que el oro ante los ojos de Dios porque Él es un Dios que se deleita cuando confiamos en Él.

 

e)      La fe auténtica también resultará en “alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. Esto significa que Dios recompensará a cada ejemplo de fe que pasó la prueba.

 

f)       Dios personalmente halagará a todos aquellos que se regocijaron aún en medio de los problemas. Él premiará con gloria y honra a los creyentes que han sufrido y han sido probados habiendo aceptado sus tribulaciones como un voto de confianza en Él.

 

Conclusión: La fe genuina confía en el Señor aún en medio de las carencias económicas o las adversidades de la vida tal como lo expresó el profeta Habacuc (Habacuc 3:17-19).