Tema: “EL REMEDIO PARA EL AFÁN Y LA PREOCUPACIÓN” (6ª Parte)
(Mateo 6:33)
Domingo 12 de Marzo del 2006

Introducción: En el mensaje anterior aprendimos que no debemos preocuparnos o afanarnos por cosas tales como la comida, la bebida o el vestido. Lo que Jesucristo claramente nos enseña es que el creyente no debe “obsesionarse” ni poner su corazón en las cosas materiales así como lo hacen los gentiles o los que no son creyentes. Jesucristo nos dice que:
1) El cristiano no debe ser igual que los gentiles (v.32).
2) El cristiano no debe ver la vida tal como la ven los gentiles.
Jesucristo enfatizó claramente que no debemos preocuparnos o afanarnos por las cosas de esta vida. Él nos dice que si hay alguna cosa por la que debemos preocuparnos en esta vida es por nuestra relación con el Padre celestial. Los gentiles buscan todas las otras cosas, pero el creyente lo único que debe buscar con afán es el “reino de Dios y su justicia”.
I.- La manera en la que el creyente debe buscar el reino de Dios
a) La palabra “buscar” en el griego original contiene la idea de buscar algo diligentemente o intensamente viviendo solo para ello. Así como los que no son creyentes viven solo para obtener las cosas terrenales de este mundo, así el creyente debe vivir solo para obtener las cosas celestiales.
b) Y también se añade la palabra “primeramente”, que generalmente significa “buscar por sobre todas las cosas” o “darle la prioridad a esa búsqueda”. La enseñanza de Jesucristo es que no debemos preocuparnos o afanarnos en la búsqueda de las cosas terrenales, sino mas bien, debemos enfocar nuestra búsqueda y poner en primer lugar el reino de Dios y su justicia.
c) De todas las cosas que podemos buscar y con las cuales estar ocupados, debemos buscar
primero las cosas de Aquel a quien le pertenecemos. Esa es la prioridad de prioridades del cristiano. Esa prioridad se encuentra dividida en dos partes: 1) buscar el reino de Dios, y 2) buscar la justicia de Dios.
1) El reino de Dios:
a) La palabra “reino”(basileia) no se refiere a un territorio geográfico, sino que se refiere a dominio o gobierno. El reino de Dios es el dominio soberano de Dios y por lo tanto, el buscar primeramente el reino de Dios es buscar su dominio, su voluntad y su autoridad.
b) El buscar el reino de Dios es someter nuestra propia vida a la voluntad del Señor (Hechos 20:24). El buscar primeramente el reino de Dios significa entregar nuestra vida en la obra eterna de nuestro Padre celestial.
c) Buscar el reino de Dios significa también el buscar ganar almas para ese reino para que puedan ser salvas y que Dios pueda ser glorificado.
d) También buscamos el reino de Dios cuando anhelamos el regreso del Rey de reyes para que podamos estar con El por siempre.
e) Buscar el reino de Dios y su justicia es descrito claramente en Hebreos 11:6. Como hijos de Dios significa que debemos buscar a nuestro Padre celestial diariamente para llegar a conocerle más y más. Muchos creyentes se pierden de muchas de las bendiciones de Dios porque no le buscan diligentemente. No invierten tiempo en buscar su rostro. El creyente debe buscar el rostro del Señor diariamente y de manera constante.
2) La Justicia de Dios:
a) Pero no solo nos dice que debemos buscar el reino de Dios, sino también “su justicia”. ¿Qué significa esta palabra? Esta palabra significa que nuestra vida debe buscar caracterizarse por una santidad y obediencia práctica.
b) No solamente debemos buscar el reino de Dios en el sentido de poner nuestra mirada “en las cosas de arriba”, sino que también debemos buscar una vida justa y de santidad práctica (Mateo 5:6).
c) El creyente debe tener hambre y sed de justicia. Debe buscar ser cada día como Jesucristo y crecer en santidad y en el conocimiento de su Señor. Entre más buscamos al Señor más cerca de él vamos a estar y entre más cerca estamos de él, más crecerá nuestra santidad y entre más santos seamos, más grande será nuestra fe.
d) Y entre más grande sea nuestra fe, menos preocupación tendremos por las cosas de esta vida y de este mundo y más grande será nuestro sentido de seguridad en él. Entre más vivimos en santidad, más llegaremos a conocer a Dios y nada de lo que nos suceda llegará a molestarnos debido a que nuestra relación con él llegará a ser muy estrecha.
e) En vez de anhelar y afanarnos por las cosas de este mundo, debemos tener hambre y sed por las cosas del mundo venidero las cuales se caracterizan por la prefecta justicia y santidad de Dios. Es algo más que un anhelo por la vida futura con Jesucristo; es también un anhelo por una vida actual de santidad y obediencia práctica (2 Pedro 3:11).
II.- ¿Cuál debe ser entonces nuestro verdadero afán y preocupación?
a) Podemos parafrasear lo que dijo Jesucristo en el v. 33 de la siguiente manera: “Si desean preocuparse por algunas cosas y si desean afanarse por algo, entonces afánense y preocúpense por su condición espiritual y por su relación con el Padre. Si esto lo ponen en primer lugar, el resultado será que la preocupación por otras cosas se acabará. Esa gran preocupación por su relación con Dios hará a un lado toda preocupación menor tales como las preocupaciones por la comida o el vestido”.
b) El hombre y la mujer que sabe que es un hijo e hija de Dios y heredero de la vida eterna, tiene un punto de vista muy diferente de las cosas de este mundo. Sabe con certeza que las cosas más importantes son las cosas que no se ven, las espirituales, porque ellas son eternas.
c) Además, tenemos una clara promesa en el v. 33 y es la promesa de que si buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia, las demás cosas (tales como la comida, la bebida y el vestido), serán añadidas.
d) Los que no son creyentes se obsesionan con las cosas de este mundo y como resultado terminan perdiendo lo más importante. El creyente debe buscar y preocuparse primeramente por el reino de Dios y como resultado, no solo obtendrá todos los beneficios de esa búsqueda: gozo, paz, santidad, etc., sino que también obtendrá las demás cosas: comida, bebida, ropa y todas las otras necesidades.
Conclusión: Salomón es un claro ejemplo de esto. Él no le pidió a Dios riquezas, solo le pidió que le diera sabiduría para saber gobernar al pueblo. Y Dios le dijo que como no le había pedido otras cosas, no solo le daría sabiduría, sino que también le daría riquezas. De la misma manera, si buscamos a Dios y su reino por encima de todas las cosas y si ponemos nuestra cercanía a él y nuestra santidad en el centro de su voluntad, tenemos la promesa de Dios a través de Jesucristo que todas las otras cosas serán añadidas a nuestra vida. Nuestro único afán y preocupación entonces debe ser el buscar más ser como él y vivir nuestra vida más cerca de él.
Daviel D'Paz, 2008