main_page.htmlacerca_de_mi.htmlarticulos.htmlmensajes_por_temas.htmlmis_bosquejos.htmlenlaces.htmlvideos_y_audios_en_ingles.htmlproyecto_macedonia__1.htmllibros_recomendados.htmlhttp://davieldepaz.blogspot.com/
Capítulo 1

 

REGOCIJO EN MEDIO DE LAS PRUEBAS Y LOS PROBLEMAS

 

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,” (1:2)

 

 

Es un hecho bastante comprobado que las pruebas, las luchas, los problemas y las persecuciones ponen a prueba nuestra fe. Ellos dejan bien al descubierto la calidad de nuestra fe. Existen demasiados cristianos que cuando se enfrentan a las presiones y los problemas de la vida diaria pierden el gozo, la paz y su respectiva confianza en Dios. Se convierten en cristianos quejumbrosos que se irritan fácilmente y que su apariencia luce sombría como si una nube negra estuviera sobre su cabeza.

 

Tal vez una de las razones para tomar esa actitud frente a las circunstancias difíciles, se deba a la popular enseñanza del “evangelio de la prosperidad” en algunos círculos evangélicos. Tal enseñanza afirma que el creyente debe vivir siempre en “salud y prosperidad económica” y que si en algún momento llegan los problemas, las dificultades o la enfermedad, algo anda mal en la vida del creyente. Se enseña también que ante tales circunstancias, el cristiano solo debe orar con fe y todos esos problemas desaparecerán milagrosamente.1 

 

Esta enseñanza es bastante atractiva debido a que apela a los deseos de una naturaleza caída, pues nadie en su estado natural no regenerado está dispuesto a sufrir o a pasar por pruebas o necesidades de ninguna clase por causa de Jesucristo y de su evangelio. Pero Santiago derriba esta teología de un solo golpe desde el mismo inicio de su carta. Él no dice “tened por sumo gozo si os halláis en diversas pruebas”, sino más bien, “cuando os halléis en diversas pruebas”, dando por sentado la inevitabilidad de las mismas.

 

Así que, Santiago desde el mismo inicio nos aclara que las pruebas y los problemas son algo normal en la experiencia del creyente. Y tal como Bruce Barton comenta acertadamente: “Las persecuciones y las pruebas todavía vienen a los seguidores de Jesucristo. Aunque no tenemos ahora que preocuparnos por el rey Herodes o por los fariseos, hay muchas personas en nuestro mundo que nos perseguirán por seguir a Jesucristo. El camino de la cruz no es el mismo camino del mundo –nuestros valores, prioridades y estilo de vida pueden parecer demasiado amenazadores para aquellos que no conocen al Salvador. Un cristiano tal vez tenga que hacer una difícil decisión en su trabajo que le puede costar la promoción e incluso hasta su propio trabajo. Un estudiante puede perder popularidad en la escuela por decir que no, e ir en contra de la corriente de sus amigos. Cada día el cristiano se enfrenta con un sin número de decisiones que bien pueden resultar en el ser “perseguidos” por causa de su fe”.2

 

John MacArthur escribe también en su comentario: “A fin de probar la autenticidad de un diamante, a menudo los joyeros lo ponen en agua clara, lo que hace que el verdadero diamante resplandezca con una brillantez especial. Una piedra de imitación, por otra parte, casi no resplandecerá. Cuando se ponen las dos una al lado de la otra, hasta un ojo no adiestrado puede fácilmente notar la diferencia. De igual manera, aun el mundo puede a menudo observar las notables diferencias entre los cristianos genuinos y los que simplemente profesan la fe en Cristo. Como ocurre con las joyas, hay una notable diferencia en su brillantez, en especial cuando las personas pasan por tiempos difíciles. Muchos tienen gran confianza en su fe hasta que es sometida a pruebas difíciles por las adversidades y los desengaños. La forma en la que una persona enfrenta la prueba revelará si su fe está viva o muerta, si es genuina o una imitación, si es o no una fe salvadora”.3

 

Hay algunos cristianos que se sienten como víctimas cuando pasan por serios problemas. Víctimas de la injusticia social. Víctimas del sistema de gobierno.  Y hasta víctimas de su pasado.  Como resultado de esto, se sienten tentados a culpar a todo el mundo por sus desgracias e infortunios.  Sus preguntas cuando se encuentran en medio de esas circunstancias son: ¿Por qué tengo que pasar por esto Señor? Y ¿Por qué me sucede esto a mi? Sin embargo, el apóstol Santiago tenía una perspectiva totalmente diferente respecto a los problemas (v.2).  En lugar de sentirnos víctimas de los problemas, debemos aprender a encontrar algo de valor en ellos.

 

MacArthur nos presenta por lo menos ocho propósitos por los cuales el Señor permite las pruebas en la vida de su pueblo:

 

1) Para probar la fortaleza de nuestra fe. 2) Para hacernos humildes y para recordarnos que no debemos permitir que nuestra confianza en el Señor se vuelva arrogancia y autosatisfacción espiritual. 3) Para librarnos de nuestra dependencia en las cosas terrenales. 4) Para llamarnos a la esperanza eterna y celestial. 5) Para dejar al descubierto lo que realmente amamos. 6) Para enseñarnos a valorar las bendiciones de Dios. 7) Para desarrollar en los creyentes fuerza perdurable para servicios mayores. 8) Para capacitarnos y poder ayudar mejor a otros en sus respectivas pruebas.4

 

La actitud normal del ser humano es el gozarse cuando escapa de las pruebas y las dificultades. Pero Santiago nos dice todo lo contrario. Nos dice que debemos tener sumo gozo5  cuando vengan las pruebas y los problemas a nuestra vida. Es obvio que Santiago tenía una escala de valores completamente distinta a la que tienen los que no son creyentes. Y ese es precisamente el enfoque de Santiago: que las pruebas y las dificultades solo vienen a probar lo genuino de nuestra fe. Dichas pruebas y dificultades nos llegan de distintas formas: enfermedades, amistades rotas, pérdida de seres queridos, problemas económicos y familiares, etc.  Santiago no anima a los creyentes a que solo pretendan ser felices, pues el tener gozo va más allá de la mera felicidad. La felicidad se centra en las circunstancias favorables de esta vida, pero el “sumo gozo” del que nos habla Santiago tiene su origen en Dios y no en las circunstancias favorables que experimentamos.

 

Harold Fickett Jr, hace la siguiente observación:  “Nadie en su sano juicio se regocija cuando el doctor le ha dado la mala noticia de que se encuentra con cáncer. Nadie puede alegrarse cuando su íntimo amigo lo ha traicionado. Es imposible para cualquier individuo estar rebosando de júbilo cuando se le ha muerto un ser querido. Los problemas financieros nunca son la fuente de abundante regocijo. Nadie puede desbordarse de alegría cuando un miembro de la familia se encuentra trayendo una mala reputación al nombre de esa familia”.6

 

Tal parece que Fickett da en el clavo con su comentario. Pero, ¿Qué quiso decir entonces Santiago cuando nos manda que nos regocijemos? ¿Acaso no fue eso lo que Santiago tenía en mente cuando nos dijo que nos regocijáramos de nuestros problemas y dificultades? Fickett hace referencia a la explicación del Dr. Spiros Zodhiates y continúa con su comentario de la siguiente manera:

 

“...El Dr. Spiros Zodhiates nos da la respuesta a esa pregunta: La palabra ‘tened’ debería ser traducida como ‘pensar hacia delante’ ‘considerar’. Mientras vives en el presente, considera el futuro y mira hacia el futuro. Puedes encontrarte triste ahora, pero tendrás gloria en los días que vendrán.  En la crucifixión de Jesucristo como en sus enseñanzas, los cristianos tenemos una perfecta explicación del gozo en las pruebas. El insoportable dolor de la cruz no fue en sí mismo una fuente de regocijo para el Maestro. Él sentía sumo gozo aún en medio de esa experiencia debido a que pudo mirar hacia el futuro y darse cuenta de lo que su crucifixión lograría. En las bienaventuranzas del sermón del Monte, el Maestro no les dijo a sus discípulos que ellos tenían que regocijarse en la persecución en sí, sino mas bien, él les dijo que encontraran su gozo o bienaventuranza en la recompensa que sería de ellos en el futuro”.7

 

Antes que Jesucristo viniera a este mundo, las personas creían que las pruebas y tribulaciones podían ser soportadas únicamente. Pero el regocijarse en ellas les era algo desconocido debido a que ese es un concepto del Nuevo Testamento y solo nosotros los creyentes en Jesucristo podemos ver las pruebas y las dificultades de un punto de vista completamente diferente de cómo las ve el mundo y también de la manera en que las veían los creyentes del Antiguo Testamento.

 

Derek Tidball nos dice también lo siguiente: “Santiago no se encuentra promoviendo el masoquismo, ni tampoco dice que debamos ser insinceros respecto al sufrimiento, ni tampoco indiferentes a causas justas. Respondemos con gozo porque conocemos algunas de las cosas más profundas las cuales nos ayudan a interpretar el sufrimiento, no como una miserable fuerza negativa que otros perciben, sino como un instrumento en las manos de un Dios soberano, sabio y lleno de gracia que lo usa para nuestro bien....Podemos estar gozosos porque Dios todavía se encuentra soberanamente en control sin importar lo que pase. Podemos estar gozosos debido a que al enfrentarnos con las dificultades nos acerca más a Jesucristo quien también sufrió y enfrentó lo mismo”.8

 

Fred Howard viene  a esclarecer el panorama un poco más al mostrarnos que lo que se ve malo a simple vista puede ser el medio que Dios use para traernos bendicion:  “Esto por supuesto no significa que todo lo que le sucede al creyente se ve bueno a simple vista. De hecho, eso puede resultar en detrimento propio y sin embargo, a pesar de eso, puede ser potencialmente bueno. Es por eso que, lo que de otro modo sería una gran tragedia, puede convertirse en un triunfo. Por ejemplo, la muerte de Jesucristo puede ser considerada desde un punto de vista, la tragedia más grande de todos los tiempos. Sin embargo, fue el triunfo más grande de toda la historia, pues con su muerte Jesucristo derrotó a Satanás y a las fuerzas del mal”.9

 

Para poder beneficiarnos de nuestros problemas, debemos comprender primero el motivo por el cual Dios los ha permitido. El propósito principal de Dios para nuestra vida no es el satisfacer nuestras ambiciones y deseos.  El propósito primordial de Dios es el hacernos más como Jesucristo para que nuestra vida sea un poderoso testimonio hacia otros de que Él es real. Dios nos permite pasar a través de los problemas a los que nos enfrentamos para poder cumplir Sus propósitos, manifestar Su gloria y convencer a otros de Su realidad.

 

William Barclay escribe lo siguiente: “Todo tipo de experiencias vendrán a nuestra vida. La prueba de las tristezas y desencantos las cuales intentan robarnos  nuestra fe. Vendrá también la prueba del engaño la cual intenta seducirnos para que nos apartemos del camino correcto. Vendrá también la prueba de los peligros, de los sacrificios, de la impopularidad que la vida cristiana a menudo produce. Pero ellas no vienen con la intención de hacernos caer, vienen a nuestra vida con la intención de hacernos volar en las alturas. No vienen con la intención de derrotarnos, sino para que podamos derrotarlas. No vienen para hacernos débiles sino para hacernos fuertes. Es por eso que no debemos lamentarnos, sino regocijarnos por ellas”.10 

 

El regocijarse en las pruebas y los problemas no son solo exclamaciones superficiales de júbilo tales cómo ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya! cada vez que algo nos sucede o algo nos sale mal, tal como cuando nos tropezamos descalzos con una piedra y casi se desprende nuestra uña, o como cuando no encontramos nuestras llaves, o como cuando nos golpeamos con el martillo en nuestro dedo y sentimos un dolor casi insoportable. R. T. Kendall nos dice que el regocijarnos en nuestros problemas es “dignificar la providencia de Dios porque muestra que puedes ver la mano de Dios en cada área de tu vida. Muestra que le rindes tributo a un Dios amante que te da tal atención personal y quien te da suficiente fortaleza para poder sobrellevarlas. Es por eso que no levantas tu puño contra el rostro de Dios como tampoco reniegas”.11

 

Otra de las razones por las que Santiago nos manda que nos regocijemos cuando vengan las pruebas a nuestra vida es porque tales pruebas no son calamidades sin sentido o propósito, como tampoco son productos del destino. Ellas son permitidas por un Padre sabio y amoroso quien cuida grandemente de nosotros y no puede cometer errores.  En vista de todo esto, podemos decir con toda seguridad que Dios permite que las pruebas y los problemas vengan a nuestra vida siempre con un propósito y para nuestro propio beneficio, aunque al principio no podamos comprender cual sea ese propósito. Lo que sí sabemos es que Dios nos dice en su Palabra que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.12

 

Esto no es tan fácil de digerir, especialmente cuando nos encontramos experimentando en carne propia el aguijón de las pruebas y las dificultades. Pero tal como nos dice Bruce Barton, “El considerar las pruebas con cierto gozo viene de ver la vida con la perspectiva de Dios en mente. Tal vez no podamos entender las razones específicas por las que Dios se encuentra permitiendo que ciertas experiencias nos resquebrajen o nos fatiguen, pero sí podemos estar seguros de que su plan es para nuestro bien. Lo que para nosotros puede parecer imposible o sin esperanza, nunca lo será para Dios”.13  

 

 

 

 

Notas:

 1Derek Tidball nos hace el siguiente comentario: “El reino de Dios ha sido inaugurado, pero no ha alcanzado todavía su consumación. La creación todavía no ha sido plenamente restaurada, los creyentes todavía no han sido completamente perfeccionados y aunque Satanás ha sido totalmente derrotado por la muerte de Jesucristo, todavía no ha sido lanzado al lago de fuego. Es por eso que diablo, el mundo y la carne todavía conspiran para causarnos problemas y someternos a las pruebas, de la misma manera que lo hicieron con Jesucristo”. (Tidball, op. cit. p. 20).

 

2Bruce B. Barton, James, Life Application Bible Commentary, p. xxi, Tyndale House Publishers 1992).

3John MacArthur, Op. cit. p. 25, (énfasis añadido).

4MacArthur, Op. cit. pp. 27-30.

 

5Personalmente me gusta la descripción que hace Bruce B. Barton de lo que es el gozo del que nos habla Santiago: “Gozo es una profunda sensación de bienestar que puede al mismo tiempo contener tristeza, lagrimas, risa, ira y dolor. Gozo es más una decisión que un sentimiento. Es el decidirse a vivir por encima de los sentimientos pero sin negarlos. No es una intensa felicidad, aunque el decidir tener gozo algunas veces produce felicidad. Gozo es específicamente una respuesta cristiana hacia la vida, ya que dicho gozo depende de la fe en la soberanía de Dios. Es apacible y agradecido e interiormente se deleita en la bondad de Dios”. (Bruce B. Barton, Op. cit. p. 5).

 

6Fickett, Op. cit. p. 6

7Fickett, Op. cit. p. 7

8Derek Tidball, Wisdom From Heaven, p. 23  Chritian Focus, 2003

9Fred D. Howard, James: Epistle of Action, p. 9, Baker Books, 1969

10 William Barclay, The Letters of James and Peter,  p. 42-43, Westminster Press Rev. Ed. 1976.

11R.T. Kendall, Justification By Works: Sermons on James 1-3, p. 14,  Authentic Media 2005.

12Romanos 8:28 (énfasis añadido) 

13Bruce B. Barton, Op. cit. p. 6.

 

Copyright: Daviel D'Paz, 2008