main_page.htmlacerca_de_mi.htmlarticulos.htmlmensajes_por_temas.htmlmis_bosquejos.htmlenlaces.htmlvideos_y_audios_en_ingles.htmlproyecto_macedonia__1.htmllibros_recomendados.htmlhttp://davieldepaz.blogspot.com/
Capítulo  3

 

RECIBIENDO LA SABIDURÍA QUE VIENE DE DIOS 

 

“La medida de la sabiduría no es lo que conocemos, sino cómo vivimos”.  (Derek Tidball) 

 

 

5 “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 8El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (1:5-8).

 

 

 

Una cosa se hace claramente evidente en estos versículos: para Santiago la sabiduría era algo sumamente práctico. Santiago estaba conciente que la sabiduría no es meramente especulación filosófica o un conocimiento puramente intelectual, sino que es algo que se relaciona directamente con el saber como vivir en este mundo de la manera mas sabiamente posible. Todos necesitamos de esa sabiduría espiritual que solo Dios da.

La razón por la que necesitamos esa sabiduría, es debido a que la Biblia no nos da respuestas específicas a los innumerables problemas tanto grandes como pequeños que enfrentamos diariamente. La Biblia tampoco nos da una larga lista de cómo resolver de manera específica cada uno de nuestros problemas y necesidades, pero sí nos da ciertos principios generales para que podamos aplicarlos a los problemas que enfrentamos día tras día. Es por esa razón que necesitamos sabiduría. Y esa sabiduría es la aplicación práctica de las enseñanzas de la Palabra de Dios a las circunstancias de la vida diaria.

 

 Cuando nos encontramos en medio de las pruebas y dificultades permitidas por nuestro todo sabio Dios ¿Cómo deben ser nuestras oraciones? La respuesta de Santiago es: “Pidan a Dios sabiduría”. Existen muchas definiciones de la palabra “sabiduría”. Pero en este contexto especifico, Santiago nos dice que sabiduría es saber qué hacer para que el propósito de Dios sea realizado”. Cuando nos enfrentamos con los problemas y dificultades y no sabemos qué hacer, necesitamos pedirle a Dios de Su sabiduría para poder experimentar el gozo aún en medio de toda clase de pruebas y dificultades.

 

Una de las realidades a las que nos enfrentamos diariamente es que la “sabiduría” es una cualidad no solo descuidada, sino casi olvidada en la actualidad. Podemos leer los periódicos, escuchar la radio, ver la televisión y lo único que escuchamos o leemos, es acerca de ciertos datos o estadísticas. Pero esos datos o estadísticas pueden ser recopilados fácilmente por todos aquellos que dedican un mínimo de tiempo a la observación y al estudio. Pero la sabiduría es una provisión especial que solo Dios puede dar.   Alguien dijo que “el conocimiento es la habilidad de saber separar las cosas”, mientras que “sabiduría es la habilidad de saber unirlas”. Tal como Spurgeon lo dijo: "sabiduría es el uso apropiado del conocimiento".  Fred Howard lo expresa de esta manera: “la sabiduría, a diferencia del conocimiento, puede ser definida como el uso adecuado del conocimiento”.1 Es interesante también la definición que da el diccionario en inglés “Webster” a la palabra sabiduría: “Sabiduría es la cualidad de ser sabio; facultad para discernir lo que es correcto y verdadero; juzgar y actuar de acuerdo a ello”.2

 

En los versículos 5-8 Santiago menciona tres elementos espirituales que necesitamos para poder enfrentarnos con las pruebas y las dificultades en nuestra vida diaria de manera efectiva. Esos tres elementos son: a) la sabiduría, b) la oración  c) y la fe (6-8). 

 

Primer elemento: La sabiduría.

 

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría…” (v. 5a)

 

Es muy interesante el darnos cuenta que Santiago usa un tanto de diplomacia y educación al formular la necesidad que había entre los creyentes por la verdadera sabiduría.  Santiago no aborda el problema de manera directa y ofensiva. El muy bien podría haber dicho algo así como: “Hermanos míos, me doy cuenta de la gran ignorancia que existe en algunos de ustedes, por lo tanto, necesitan obtener urgentemente esa sabiduría que viene de Dios”.  Pero Santiago no usó esa clase de retórica cuando habla de la necesidad que tenemos de sabiduría. Es interesante también el conocer la solución que él da a todo aquel que le falta sabiduría. El bien hubiera podido  haber escrito algo así como “y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría vaya a la universidad”, o “inscríbase en un curso de educación intensivo”. Es claro que la educación puede darnos conocimiento, pero no puede darnos sabiduría.

                                             

¿Por qué Santiago dijo que necesitamos sabiduría? ¿Por qué él no nos dijo que pidiéramos por fortaleza, o por algunas otras cosas cuando estuviéramos pasando por el horno de fuego de las pruebas? Por la sencilla razón que necesitamos sabiduría para no desperdiciar las oportunidades que Dios nos está concediendo para poder obtener la madurez espiritual. La sabiduría nos ayuda a entender cómo usar esas circunstancias para nuestro propio bien y para la gloria de Dios.

 

Warren W. Wiersbe cuenta que su secretaria se encontraba pasando por unas pruebas bastante difíciles. Ella había sufrido un ataque, su esposo se había quedado ciego y había sido llevado al hospital en donde casi todos pensaban que moriría. El la vio en la iglesia un domingo por la mañana y se acercó para decirle que él se encontraba orando por ella. A lo que ella le contesta con una pregunta: “¿Qué es lo que le está pidiendo a Dios que haga?”  -“Le estoy pidiendo a Dios que le ayude y que la fortalezca”, le contestó él. –“Realmente aprecio lo que hace”, le dijo ella, “pero le ruego que pida por otra cosa más: Pídale a Dios que yo pueda tener la sabiduría necesaria para no desperdiciar todo esto”.3

 

Existe una diferencia muy marcada entre el conocimiento y la sabiduría. Solo basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta del vasto conocimiento que tenemos a nuestra disposición. Los avances científicos y tecnológicos nos hablan con el lenguaje del conocimiento en todas las áreas. Los estudiantes de los actuales colegios y universidades cuentan con más conocimiento que cualquier estudiante de los siglos anteriores. Pero a pesar de todo este avance y progreso en el conocimiento, la sociedad se encuentra siendo testigo de un gran retroceso tanto en lo moral como en muchos otros aspectos.  Alguien escribió que, “la sabiduría es mucho más que la acumulación de información y percepción intelectual. La realidad es que el ser humano por medio de su vasta acumulación de conocimiento, ha aprendido a viajar más rápido que el sonido, pero también deja al descubierto su necesidad de sabiduría al ir más y más rápido en la dirección equivocada”.4

 

Es obvio que el aumento del conocimiento en el mundo en el que vivimos, no ha sido de mucha ventaja para acabar con los problemas tanto sociales como morales. Una persona que cuenta con mucho conocimiento no significa que cuenta también con suficiente sabiduría. Probablemente hayamos conocido a ciertas personas que son altamente intelectuales, pero que también son muy insensatas. Pueden poseer grandes logros académicos y ventajas intelectuales, pero a veces no pueden hacer ni las más simples decisiones en su propia vida. Una persona puede contar con varios títulos universitarios tales como maestrías o doctorados y aún así, estar completamente ciega a la realidad espiritual. Otra persona puede conocer en detalle varias ciencias tales como la física, la química o la biología y sin embargo actuar de manera ignorante respecto a su conducta moral. Derek Tidball lo expresa de forma sencilla pero profunda de la siguiente manera: “La medida de la sabiduría no es lo que conocemos, sino cómo vivimos.”5

 

Warren Wiersbe también nos dice algo similar: “Si las personas fueran tan sabias para discernir las cosas espirituales como lo son para discernir el clima, ¡Estarían muchísimo mejor! La multitud podía predecir una tormenta, pero no podía predecir el juicio venidero. Sabían que el clima estaba a punto de cambiar, pero no podían interpretar “las señales de los tiempos”. La nación judía tenía las Escrituras proféticas por siglos y deberían haber sabido lo que Dios se encontraba haciendo, pero sus líderes religiosos los descarriaron. Cuán trágico es que los hombres de la actualidad puedan predecir los movimientos de los cuerpos celestes, dividir los átomos y aún llevar al hombre hasta la luna, pero se encuentran ciegos a lo que Dios se encuentra haciendo en el mundo. Ellos saben cómo llegar hasta las estrellas ¡Pero no saben cómo llegar al cielo! Nuestro educado mundo posee una gran cantidad de conocimiento científico, pero muy poca sabiduría espiritual”.6

 

Lo que Dios nos ofrece no es el conocimiento en sí mismo, pues Él sabe que el conocimiento lo podemos obtener a través del estudio constante. Lo que Él nos ofrece es sabiduría espiritual y esta sabiduría no es “astucia mundana”, sino es más bien, sabiduría divina7 la cual desciende de lo alto para que sepamos cómo poner en práctica el conocimiento adquirido. Donald W. Burdick dice que “en este contexto, sabiduría es el comprender el propósito y la naturaleza de las pruebas y saber cómo enfrentarlas de manera victoriosa. Tal sabiduría se encuentra disponible a todo aquel que la pida a Dios, no solo una vez, sino repetidamente”.8

 

La frase “si alguno”, se refiere tanto a hombres como a mujeres de todas las clases sociales. En esta frase se encuentran incluidos todos aquellos creyentes intelectuales, como también aquellos que no tienen educación y tanto los ricos como los pobres. Santiago claramente nos dice que ninguna persona no importa cuan intelectual sea, cuan rico o cuan importante sea en la sociedad, no puede lograr el éxito espiritual si él o ella no cuenta con la sabiduría que proviene de Dios.

 

Segundo elemento: La Oración.

 

Pídala a Dios...” (v. 5b)

 

¿Qué debemos hacer si nos damos cuenta que necesitamos sabiduría? La respuesta de Santiago es que la sabiduría que nos ayudará a salir victoriosos de las pruebas no nos llega por medio de la lectura de buenos libros, ni tampoco por la enseñanza de maestros muy capaces. La sabiduría espiritual solo podemos obtenerla sobre nuestras rodillas.

 

Un concepto muy popular entre los judíos del primer siglo era que la sabiduría que viene de Dios se encontraba en las Escrituras judías y que la persona obtenía tal sabiduría por medio del estudio de esas Escrituras. Pero Santiago introduce un nuevo concepto en este versículo sobre cómo obtener sabiduría que tal vez dejó asombrados a muchos de sus lectores. Santiago considera la sabiduría como un  regalo directo de Dios al creyente y cuyo regalo es recibido por medio de la oración.

 

el cual da a todos abundantemente y sin reproche… (v. 5c)

 

Dios no solo es la fuente de toda sabiduría, sino que es también un dador muy generoso. El nunca da sus bendiciones con el puño cerrado, sino con sus manos muy abiertas. Las bendiciones de Dios siempre son dadas en abundancia. El énfasis que hace Santiago en esta frase no es meramente en el acto de dar, sino en el hecho de que el dar es parte de la naturaleza misma de Dios. Así como la naturaleza del sol es iluminar y dar calor a este mundo; así como la naturaleza de las flores es el dar su fragancia, así también es parte de la naturaleza de Dios el dar de manera abundante.  Jesucristo hizo referencia a la gran generosidad del Padre celestial cuando dijo “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:11).

 

Cuando Dios nos da algo, lo hace “sin reproche”. Es decir, no concede nuestras peticiones para luego sacarnos en cara lo que nos dio. Tampoco nos reprocha por la cantidad de veces que nos acercamos a pedirle algo. No nos dice ¿Qué es lo que hiciste con lo que te acabo de conceder? Dios nos da y no nos reprocha por ello. El no rechaza a nadie que se acerque a pedirle sabiduría, ni tampoco nos reprocha lo indigno que somos. Tampoco nos rechaza debido a nuestros pasados fracasos o nuestras presentes debilidades. Thomas Manton escribió que “Dios siempre contesta las oraciones, aunque no siempre concede los deseos de las personas...las oraciones cuando proceden de un corazón santo, de una actitud santa y de un propósito santo, tendrán respuesta”.9

 

“…y le será dada. (v. 5d)

 

Santiago también menciona la certeza de que vamos a recibir lo que le pedimos. Estas palabras nos hablan de seguridad y no contienen ni la más mínima sugerencia de incertidumbre e improbabilidad, es decir, algo así como “y tal vez le puede ser dada”, sino más bien “y le será dada”. Tal vez Santiago tenía en mente las palabras de Jesucristo cuando dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7,8).

 

1)    La importancia de la fe en nuestras oraciones.

 

Tercer elemento: La fe.

 

“Pero pida con fe…” (v. 6a)

 

La enseñanza bíblica sobre la fe se encuentra siendo abusada en muchos círculos evangélicos de la actualidad. Existe una gran cantidad de populares tele-evangelistas que creen que la fe es como una fórmula mágica la cual funciona de la misma manera que funciona la ley de la gravedad, en donde toda persona independientemente de si es creyente en Jesucristo o no, puede lograr los resultados deseados siempre y cuando cumpla con ciertos requisitos. Y uno de los requisitos es, según ellos, el simplemente “hablar y reclamar por fe” las cosas que las personas desean recibir, entre ellas el dinero. También existen aquellos que le atribuyen poderes creativos a la fe, de tal manera que aún el mismo Dios Todopoderoso que hizo el universo necesitó fe para poder crearlo. Aunque no cuento con el espacio suficiente para tratar este tema en detalle, estaré hablando un poco más sobre esto en los capítulos 14 y 15.

 

Deseo enfatizar aquí de manera breve, que la oración  eficaz es aquella que se practica con fe, es decir, cuando nos acercamos al trono de la gracia con una confianza en Dios de que lo que le pedimos va a ser concedido de acuerdo con su voluntad divina.  Aunque Dios se encuentra más que listo para darnos lo que le pedimos, tal vez nosotros no nos encontramos listos para recibirlo. Y una de las razones para no recibir lo que le pedimos es debido a que podemos tener nuestra mente dividida entre dos pensamientos. Por un lado sabemos que Dios es el único que puede darnos toda la sabiduría necesaria, pero por el otro, también nos sentimos tentados a buscar esa sabiduría en alguna otra parte.

 

Es por eso que debemos acercarnos a Dios confiando en que Él no solo es capaz de contestar nuestras peticiones, sino que también desea contestarlas.  A pesar de que Dios en su providencia da buenas cosas a todas las personas en general sin importar sus actitudes ni su conducta, solamente aquellos que verdaderamente le conocen y que le piden con fe, pueden recibir el regalo de la sabiduría. Esa sabiduría por la que los creyentes son amonestados a pedir, tiene sus raíces bien fundadas en el suelo fértil de la oración. Tal sabiduría buscada por medio de la oración, es una característica fundamental de la vida del verdadero creyente.

 

John MacArthur nos dice que “algunos cristianos sencillamente dudan que Dios les dé lo que necesitan, y justifican su duda de muchas maneras. Creen que no lo merecen, lo cual es cierto; sin embargo, como se ha señalado, eso es irrelevante. O pudieran pensar que sus necesidades no merecen la atención de Dios, lo cual también es verdad pero irrelevante, porque, en su inmensurable gracia y amor, Él decide soberanamente tomar gran interés en cosas que, en el gran plan general, parecen del todo insignificantes. Otros cristianos tienden a disputar con Dios, preguntándole en primer lugar por qué permite que la calamidad toque a sus puertas o por qué no les proporciona la salida”.10

 

“…no dudando nada…” (v. 6b)

 

La frase “no dudando nada” es traducida de la palabra griega “diakrinos” y Burdick afirma que esta palabra “describe a alguien que se encuentra dividido en su mente y que oscila entre dos opiniones. Un momento le presta atención a la voz afirmativa de la fe y en el próximo momento escucha el no de la incredulidad”.11  Esta frase no se refiere a la persona que busca con honestidad conocer la verdad para salir de ciertas dudas, o que tiene ciertas dudas que son legitimas en sí mismas. Se refiere mas bien a aquella persona indecisa cuyo pensamiento no es estable y le da lo mismo afirmar que cree en Dios, pero en el próximo momento puede afirmar con la misma facilidad que también duda de la bondad de Dios. Es por eso que todo aquel que duda de esta manera, en lugar de descansar en el poder y el cuidado de nuestro Salvador, es arrastrado por la inseguridad y la desesperación. 

 

2) Amonestación en contra de la duplicidad y la inconsistencia

 

“…porque el que duda…” (v. 6c)

 

Debemos hacer una clara distinción entre las dudas que son legítimas en sí mismas y la duplicidad de mente y corazón que es lo que Santiago condena. En la Biblia encontramos muchos ejemplos de personas que tuvieron dudas o dudaron en algún momento de su vida, tales como el apóstol Pedro (Mateo 14:25-31), y Tomás (Juan 20:24-29). Pero tales dudas eran legítimas ya que en algunas ocasiones demostraban una falta de comprensión de ciertas verdades, y en otras ocasiones demostraban la sinceridad de la persona por conocer la verdad. Pero Santiago nos habla aquí no de esa clase de dudas que son legítimas, sino más bien, describe de manera gráfica el estado interno de aquella persona cuyo pensamiento se encuentra dividido por la fe y la incredulidad al mismo tiempo. Y como resultado de esto oscila entre dos pensamientos, de la misma manera que los hijos de Israel se encontraban oscilando o claudicando entre dos pensamientos en los días del profeta Elías (1 Reyes 18:22).  

 

 “…es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”(v. 6d)

 

Santiago compara a la persona que duda con la onda del mar “que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”.  ¿Qué es lo que crea las olas del mar? El viento. Y el tamaño de las olas es determinado por la dirección del viento y por su velocidad. Santiago describe con lujo de detalles como son las personas que dudan: se parecen a las olas del mar que son arrastradas por el viento sin la menor resistencia. Cualquier dirección que lleve el viento, esa es la dirección que ellos siguen. Si una nueva doctrina o práctica se encuentra atrayendo a multitudes de personas, ellos también la siguen y van tras ella.  Esa clase de personas son las que siempre son atraídas por toda clase de doctrinas o prácticas que se encuentran de moda, sin importar que dichas doctrinas o prácticas sean antibíblicas.

 

Douglas J. Moo hace un acertado comentario respecto a esta clase de personas de la siguiente manera: “Igual que la superficie del mar que nunca tiene la misma apariencia de un momento a otro, sino que se mueve de acuerdo a la dirección y fuerza del viento, la persona dividida no cuenta con una dirección o fe establecida. No teniendo una “firma ancla del alma” (Hebreos 6:19), se convierte en presa fácil de todo viento de doctrina y de toda tormenta contraria de oposición y persecución. Su lealtad hacia Dios se ve cada vez más y más  amenazada debido a que no posee esa confianza inconmovible solo en Dios que no es afectada por la adversidad y las opiniones diversas, sino  que recibe del Señor lo que se le pide”.12  

 

 "No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (v. 7)

 

La persona que se encuentra dividida siempre será semejante a un hombre que está dominado por los efectos del alcohol, el cual se tambalea de un lado a otro, pero sin llegar a ninguna parte. La palabra griega que Santiago usa para describir a este tipo de personas de doble ánimo es “dipsuchos” que literalmente significa: “Persona con dos almas o dos mentes”.13  Con una mente cree, pero con la otra no. Y este tipo de personas de doble ánimo o de “dos mentes” siempre serán inconstantes e inconsistentes, debido a que se encuentran en una constante guerra llevada a cabo en su interior.14  Dios no es honrado por ese tipo de actitud que oscila entre la fe y la incredulidad, entre el optimismo y el pesimismo.

 

 

"El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”.  (v. 8)

 

La experiencia diaria del hombre de doble ánimo o de “dos mentes” es su incredulidad para creer en lo que Dios ha prometido. Desafortunadamente muchos cristianos profesantes al ser personas de “doble ánimo”, se parecen a los pedazos de corcho que se encuentran sobre las olas: un minuto están arriba y el próximo se encuentran abajo, convirtiéndose en un círculo vicioso casi interminable (Efesios 4:14).

 

Santiago también declara que el hombre o la mujer de doble ánimo son inconstantes en todos sus caminos. Van por su propio camino, viviendo bajo su propia voluntad y se encaminan hacia grandes dificultades. Hasta que no renuncien completamente a su confianza en ciertas personas o cosas y aprendan a confiar en Dios solamente, continuarán siendo hombres y mujeres inconstantes poniendo sus esperanzas en una cosa y después en otra.  La persona inconstante es alguien que vacila, por un momento se inclina a hacer el bien, pero en el próximo momento se inclina hacia el mal. Cuando Santiago dice que “el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” enfatiza el hecho de que tal persona no solo manifiesta una falta de consistencia en la oración, sino en cada una de las áreas de su vida. La falta de consistencia en la vida de oración es simplemente el indicador del carácter general de tal persona.15

 

John F. MacArthur describe a la persona de doble ánimo de la siguiente manera: “Aunque afirma ser creyente, su conducta muestra que es un incrédulo. Cuando pasa por una prueba dura, acude a los recursos humanos en vez de confiar en que el Señor lo ayudará y le dará la solución. O se vuelve amargado y resentido y no busca ayuda alguna. No abandona a Dios, pero actúa como si Dios no existiera, no se interesara o no pudiera librarlo del problema. Conoce algo de la Palabra de Dios y del amor, de la gracia y de la provisión de Dios; pero se niega a aprovecharse de esos recursos divinos”.16

 

Pero el verdadero creyente no se encuentra dividido. Tal creyente ama a Dios de manera real y sabe que Dios también lo ama. Por lo tanto, no se desmoronará cuando vengan las pruebas sobre su vida. Tal cristiano no es una persona de doble ánimo que ama a Dios pero que también ama al mundo. Esta clase de creyentes siempre tendrán presente que el propósito de Dios al permitir tales pruebas y luchas, siempre será para su propio beneficio y madurez espiritual.  

 

 

 

Notas:

 

1Fred D. Howard, James: Epistle of Action, p. 11, Baker Books 1969 (enfasis mio).

2The New Grolier Webster International Dictionary, Vol. II, p. 1142, Grolier 1973.

3Warren W.  Wiersbe, Be Mature, p. 29. Charriot Victor Publishing, 1978.

4Kent Hughes cita a Lehman Strauss en: James: Faith that Works, p. 27, Crossway Books, 1991

5Derek Tidball, Wisdom From Heaven, Christian Focus 2003, p. 38

6 Warren W. Wiersbe, Be Quoted, p. 187-188, Baker Books 2000.

7El Comentario bíblico “Life Application” nos dice que la sabiduría que necesitamos cuenta con tres características:

 

1)      Es práctica la sabiduría que viene de Dios se relaciona con la vida aún en los tiempos más difíciles. No es una sabiduría aislada de los sufrimientos y las pruebas. Esta sabiduría es la herramienta por la que las pruebas son vencidas. Una persona inteligente puede tener ideas muy profundas, pero una persona sabia sabe como poner en acción esas ideas profundas. La inteligencia le permite a alguien describir varias razones del porqué un auto se dañó. Pero la persona sabia escoge la razón más probable y procede a tomar acción.

 

2)      Es divinala sabiduría de Dios va más allá del sentido común. El sentido común no nos conduce a escoger el gozo en medio de las pruebas. Esta sabiduría comienza con un respeto por Dios, conduce a una vida dirigida por Dios y resulta en la habilidad en distinguir lo correcto de lo incorrecto. Es una sabiduría que Santiago describe ampliamente en el capítulo 3.

 

3)      Es semejante a Jesucristo– el pedir sabiduría es ultimadamente igual que pedir ser como Jesucristo. La Biblia identifica a Jesucristo como “la sabiduría de Dios” (1 Corintios 1:24; 2:1-7) (Bruce B. Barton, James: Life Application Bible Commentary, p. 11, Tyndale 1992).

 

8Donald W. Burdick, The Expositors Bible Commentary, p. 169, Zondervan 1981.

9Thomas Manton, James: The Crossway Classic Commentaries, p. 32, Crossway Books 1995.

10John F. MacArthur, Santiago: Comentario MacArthur del Nuevo Testamento, p. 47, Editorial Portavoz 2004. 

11 Donald W. Burdick, Op. Cit.  p. 169, Zondervan 1981.

12Douglas J. Moo, James: Tyndale New Testament Commentaries, p. 65 Eerdmans 1988

13William Barclay, The Letters of James and Peter, p. 46, Westminster 1976.

14 Douglas J. Moo, Op. Cit. p. 65 Curtis Vaughan

15 Curtis Vaughan, James: Bible Study Commentary, p. 25.  Zondervan, 1969

16John F. MacArthur, Op. Cit. p. 48

 

Copyright: Daviel D'Paz, 2008